
Nosotros mismos levantamos muros,
muros para resguardarnos,
muros que nos aislan de aquello que queremos.
Abrimos ventanas,
ventanas para no olvidar,
ventanas que nos recuerdan aquello que dejamos detrás.
Y ponemos rejas,
rejas para defendernos,
rejas que nos encierran aún más.
Y esos huecos mágicos
que nos permiten soñar,
que nos cuentan cosas,
que nos alimentan de luz,
que si hablasen mucho podrían contar.
Ahí están,
pasando el tiempo,
hasta que alguien quiera derribar.
Muro caido,
ventana enrejada,
sueños, recuerdos y visiones que luchan por subsitir a sus dueños,
quizás ya inexistentes,
quizás irreales como esa sombra que necesita de una segunda mirada.